Padre Roman's Weekly Homily (Bilingual)
How to pray
The Catechism of the Catholic Church contains four parts: the creed, the sacraments, the morality or commandments, and the doctrine concerning prayer. Today’s Gospel gives us the opportunity to reflect on what is praying as Our Lord Jesus Christ teaches us the Our Father.
Prayer is a loving conversation with God. We speak to God and God speaks us back, although we most of the times don’t understand God’s language.
In prayer we do basically four things: adore, thank, beg for pardon, and ask for spiritual and material favors.
Using the Our Father as an example, when we say “hollowed be thy name” we are adoring God's in His name. We recognize the perfect superiority and our inferiority regarding God’s infinite being.
Then the logical order of things tells us that we should thank God for all we have received. From God we have received our being and existence, our life and all our possibilities. God give us all we have and without God we have nothing.
Then, in third place we ask God for pardon, for forgiveness. We need God to forgive our sins as mortal sin is our worst enemy as it privates us from salvation, which is our most precious gift. Only God can give us a redemptive forgiveness, as only God can give us salvation. In the Our Father we do the latter by saying “forgive us our trespasses, as we forgive those who trespass against us.” And God is very clear that in order to be forgiven we have to forgive too, as otherwise we won’t be forgiven is we don’t forgive.
Then, in fourth place we make our petitions, which could be spiritual petitions and material petitions. Our petitions should be first of a spiritual tenor as the spiritual aspect of our lives is always more important than the material facet. We should petition for the enhancement of love in our lives. I remember distinctly when Mother Theresa of Calcutta gave a speech at the Pontifical Catholic University of Puerto Rico, in 1986, and said “in order to love we need to pray because sometimes is very hard to love some individuals.” We need to beg for the amelioration of our loving skills as loving is not always easy, actually true love, the kind Christ taught us on the Cross is always painful and therefore hard. Asking for love, patience, generosity, and other spiritual qualities is intrinsically better than any other petition, especially because these petitions improve our opportunities to get salvation.
Fifthly, we pray for material good as long as they are relevant to our salvation. We should always say, “Lord, I ask you for this favor if it is for your glory and my salvation, otherwise I don’t want it.” In this moment is when we ask for corporal and mental health, and other material things that may improve our material lives, especially for the material common good of our nation, community, and family. In the Our Father we do the latter when we say “give us this day our daily bread.” If Jesus teaches us to pray for our daily bread, then we are authorized to do so, as long as it is not for egocentric purposes. Every petition has to be submitted to God’s plan of salvation. We should repeat as frequently as we can that if any of our petitions put in risk our salvation we should prefer not to receive anything.
Definitely we should learn how to pray as we are convinced that we really don’t know how to pray. Let’s ask God to inspire us to ask for those favors that will keep me in the path of salvation.
Cómo rezar
El catecismo de la Iglesia católica contiene cuatro partes: el credo, los sacramentos, la moralidad o mandamientos y la doctrina sobre la oración. El evangelio de hoy nos da la oportunidad de reflexionar en los que es la oración ya que Nuestro Señor Jesucristo nos enseña el Padre Nuestro.
La oración es una conversación amorosa con Dios. Nosotros le hablamos a Dios y Dios nos responde, aunque la mayoría de las veces no entendemos el lenguaje de Dios.
En la oración hacemos fundamentalmente cuatro cosas: adorar, agradecer, pedir perdón y pedir favores espirituales y materiales.
Usando el Padre Nuestro como ejemplo, cuando decimos “santificado sea Tú nombre” estamos adorando a Dios en Su Nombre. Reconocemos su perfecta superioridad y nuestra inferioridad por lo que se refiere a Su Ser infinito.
Entonces el orden lógico de las cosas nos dice que debemos darle gracias a Dios por todo lo que hemos recibido. De Dios hemos recibido nuestro ser y existencia, nuestra vida y todas nuestras posibilidades. Dios nos lo da todo y sin Dios no tenemos nada.
En tercer lugar pedimos a Dios el perdón, por misericordia. Necesitamos que Dios nos perdone nuestros pecados ya que el pecado mortal es nuestro peor enemigo ya que nos priva de la salvación, la cual es el don más precioso que tenemos. Solo Dios nos da un perdón redentor, ya que solo Dios puede salvarnos. En el Padre Nuestro expresamos lo anterior diciendo “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Y Dios es bien claro en que para que ser perdonados nosotros tenemos que perdonar también, ya que de otra manera no seremos perdonados si no perdonamos.
En cuarto lugar hacemos nuestras peticiones las cuales pueden ser espirituales y materiales. Nuestras peticiones deben ser, primero, del tenor espiritual ya que el aspecto espiritual de nuestras vidas es siempre más importante que la faceta material. Debemos pedir por el aumento del amor en nuestras vidas. Recuerdo distintamente que madre Teresa de Calcuta dio un discurso en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, en 1986, y dijo “para amar hay que rezar por que algunas veces es difícil amar a algunas personas.” Necesitamos implorar por el mejoramiento de nuestras destrezas amatorias ya que amar no es fácil, sino que de hecho el verdadero amor, de la clase que nos enseñó Jesucristo en la Cruz es siempre doloroso y por ende difícil. Pedir por el amor, la paciencia la generosidad y otras cualidades espirituales es intrínsecamente mejor que hacer otras peticiones, especialmente porque estas peticiones mejoran nuestras oportunidades de obtener la salvación.
En quinto lugar, rezamos por los bienes materiales en la medida en que sean importantes para nuestra salvación. Debemos siempre decir, “Señor, te pido este favor si es para tu gloria y mi salvación, si no, no lo quiero.” En este momento es cuando pedimos por la salud corporal y mental, y otras cosas materiales que puedan mejorar nuestras vidas materiales, especialmente por el bien común material de la nación, la comunidad y la familia. En el Padre Nuestro hacemos lo anterior cuando decimos “danos hoy nuestro pan de cada día.” Si Jesús nos enseña a rezar por el pan cotidiano, entonces estamos autorizados a hacerlo, en la medida en que no sea por propósitos egocéntricos. Cada petición debe ser sometida al plan de salvación de Dios. Debemos repetir con tan frecuentemente como podamos que si nuestras peticiones ponen en riesgo nuestra salvación que preferimos no recibir nada.
Definitivamente debemos aprender a cómo rezar ya que estamos convencidos de que realmente no sabemos cómo rezar. Pidamos a Dios que nos inspire a pedir aquellos favores que nos mantengan en el camino de la salvación.
Padre Roman

